La vida es difícil.
Esta es una gran verdad y una vez que la comprendemos realmente, la
trascendemos. Cuando somos conscientes de que la vida es difícil y
lo hemos aceptado verdaderamente, ya dejamos de poner etiquetas
bueno-malo, me gusta esto-rechazo aquello y afrontamos lo que sucede.La mayoría de las personas no comprenden de forma cabal la idea de que la vida es difícil. Sin embargo, no dejan de lamentarse, de una manera u otra de sus problemas, de la carga que representan y de todas sus dificultades, como si la vida fuera en general una aventura fácil, como si la vida tuviera que ser fácil. ( ¿Dónde está escrito que la vida tiene que ser fácil?) Estas personas manifiestan, de una u otra manera, la creencia de que sus dificultades se deben a su mala suerte o al comportamiento de otros, a su genética o a la sociedad.
La vida consta de una sucesión de problemas. ¿Hemos de lamentarnos o hemos de resolverlos?
La disciplina es el instrumento básico que necesitamos para resolver los problemas de la vida. Sin disciplina no podemos solucionar nada. Con un poco de disciplina podemos resolver algunos problemas y con una disciplina total podemos resolverlos todos. ( o cambio mis circunstancias o cambio mi mente)
La vida es difícil porque afrontar y resolver problemas es doloroso. Los problemas, pueden producir frustración, dolor, tristeza, culpa, arrepentimiento, cólera, miedo, ansiedad, desesperación, etc. Son sentimientos desagradables. A causa del sufrimiento que los acontecimientos o conflictos nos producen, los denominamos problemas. Y como la vida plantea una interminable serie de ellos, siempre es difícil y está tan llena de sufrimiento como de alegría, quizá más de lo primero que de lo segundo.
Sin embargo, la vida cobra su sentido precisamente en este proceso de afrontar y resolver problemas. Los problemas constituyen la frontera entre el éxito y el fracaso, fomentan nuestro valor y nuestra sabiduría; más aún, crean nuestro valor y nuestra sabiduría. Es a causa de los problemas que maduramos mental y espiritualmente. Aprendemos gracias al sufrimiento que supone afrontarlos y resolverlos. Como dijo Benjamin Franklin: «Lo que hiere, enseña». De aquí que las personas juiciosas, lejos de temer los problemas, los afronten de buen grado y acepten el sufrimiento que traen.
Como tememos al sufrimiento, casi todos procuramos, en mayor o menor medida, evitar los problemas.
Hay una serie de medios de experimentar el dolor de los problemas de modo constructivo, eso que se denomina «disciplina». Entrenarnos en la disciplina significa entrenarnos en aprender a experimentar una cierta clase de sufrimiento lo cual nos va a permitir desarrollarnos y crecer.
Hay cuatro aspectos importantes en la disciplina:Aplazamiento de la satisfacción
Posponer la satisfacción es un proceso que supone pasar primero por lo desagradable para obtener lo agradable después, experimentar un malestar inicial para luego tener un bienestar mayor. Esto es un signo de madurez.
El sentimiento de amor por uno mismo constituye una de las bases de la autodisciplina porque, cuando uno se ama, se cuida a sí mismo de todas las maneras necesarias. La autodisciplina implica que nos queremos y valoramos por eso buscamos el bienestar a largo plazo y no la satisfacción inmediata que nos perjudicará a largo plazo. Comer, beber en exceso, no hacer ejercicio, gastar mas de lo que tenemos, no entrenar la mente , a corto plazo nos gusta pero a largo plazo no nos beneficia..
Cuando nos queremos sentiremos que también nuestro tiempo es valioso y por consiguiente, desearemos emplearlo bien y no desperdiciarlo.
Aceptación de la responsabilidad por nuestros problemas
No podemos resolver los problemas de la vida sino solucionándolos. Para ello tenemos aceptar la responsabilidad que supone un problema antes de resolverlo. La clave es saber quien es el dueño del problema. Solo podemos resolver un problema cuando decimos: «Este es mi problema y me corresponde a mí resolverlo». Tendemos a evadirnos de los problemas diciendo: «Este problema me ha sido provocado por otra persona o por circunstancias que están más allá de mi control y por lo tanto, corresponde a esa otra persona o a los demás o al universo resolverlo. En realidad, no es un problema mío».
Por ejemplo: Me siento mal porque alguien me ha insultado. Primer problema, alguien ha sido desconsiderado conmigo, ese problema es suyo. Segundo problema, yo me agobio porque alguien me ha insultado, ese problema es mío. Otras personas ante este insulto hubiesen ignorado lo que decía.
Casi todos nosotros de vez en cuando tratamos de eludir —de maneras que pueden ser muy sutiles— la incomodidad de asumir la responsabilidad de nuestros propios problemas. Esto es debido a que aceptar la responsabilidad por nuestra conducta significa hacernos responsables de las consecuencias de dicha conducta y eso no nos gusta .
Cuando nos sentimos
mal tenemos la sensación de impotencia, el temor y la convicción
íntima de ser incapaces de afrontar y modificar las cosas. En el
fondo de esto está el deseo de eludir la responsabilidad por
nuestros problemas y nuestra vida . Te sientes impotente porque en
realidad has renunciado a tu poder de elegir tus respuestas o tu
manera de enfocar las circunstancias. En la medida en que no aceptes
tu responsabilidad por lo que sientes y haces (para ello debes
observar los pensamientos, cuestionarlos, debatirlos y aceptarlos o
invitarlos a marcharse no prestándoles atención ni magnificándolos)
siempre te sentirás una víctima.
Búsqueda de la verdad
El instrumento que debemos utilizar continuamente si queremos que nuestra vida sea saludable y que nuestro espíritu se desarrolle— es la dedicación a la verdad pues la verdad es la realidad. Lo falso es irreal. Cuanto más claramente veamos la realidad del mundo, mejor equipados estaremos para tratar las cuestiones del mundo, cuanto más confundido esté nuestro espíritu por el error, las percepciones falsas y las fantasías—, menos capaces seremos de tomar medidas idóneas y decisiones sensatas. Nuestra concepción de la realidad es como un mapa en el cual se representa el terreno de la vida. Mientras el mapa refleje la realidad de manera más exacta , generalmente sabremos dónde estamos,
¿Qué significa una vida de total consagración a la verdad? Significa ante todo una vida de continuo y riguroso autoanálisis, de ver las trampas y callejones sin salida de nuestra mente.
Equilibrio
El equilibrio es lo que nos da flexibilidad. En todas las esferas de actividad se necesita una extraordinaria flexibilidad si uno desea alcanzar el éxito. En mayor o menor medida, todas las personas tienen fallos en su sistema flexible de respuesta. La salud mental madura exige, pues, una extraordinaria capacidad de mantener flexible y continuamente un delicado equilibrio entre necesidades, objetivos, deberes y responsabilidades que pueden estar en conflicto.Todo lo anterior nos lleva a la desarrollo de la consciencia.Desde este punto de vista podemos definir el desarrollo interior como el crecimiento o la evolución de la consciencia.


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