EL EGO Y LA MUERTE


EL EGO 

Gran parte de nuestro malestar surge de identificarnos con pensamientos como «yo soy mi cuerpo», «yo soy mis éxitos» o «yo soy lo que los demás piensan de mí . El ego intenta mantener una historia coherente sobre quiénes somos. Quiere controlar, tener razón, ser reconocido y sentirse seguro, estamos completamente dominados por él. Puedes tener una personalidad, trabajar, ganar dinero, tener opiniones y relacionarte con el mundo, pero al mismo tiempo observar todo eso con cierta distancia. No hay que  destruir el ego, sino dejar de estar identificados con él.

A lo largo de la vida construimos una identidad:«Soy profesional», «soy padre», «soy inteligente», «soy exitoso», «soy joven», «soy fuerte»...El problema aparece cuando creemos que esas etiquetas son nuestro verdadero yo.  El envejecimiento y las pérdidas pueden desmontar muchas de esas identidades y  eso puede ser doloroso, pero también liberador. 

Una pregunta útil sería:«¿Quién está observando este pensamiento que estoy teniendo ahora mismo?» 

Cuando algo que creíamos indispensable desaparece, podemos descubrir que seguimos estando aquí. 

La vida implica perder personas, juventud, salud, relaciones, oportunidades y versiones anteriores de nosotros mismos. No hay que  convertir la pérdida en una negación de la vida. Podemos sentir tristeza profundamente y  al mismo tiempo, permanecer abiertos a lo que todavía existe. La pregunta deja de ser solamente:«¿Cómo recupero lo que perdí?»  y empieza a ser:«¿Cómo puedo estar plenamente presente con lo que hay ahora?» 

 Cuando dejamos de estar tan absorbidos por nuestra propia historia, podemos estar más disponibles para otras personas y ayudarlos. Ayudar a alguien no tiene que significar «salvarle». A veces lo más importante es simplemente estar presente con esa persona, sin intentar eliminar inmediatamente su dolor. 

Todo cambia. El cuerpo cambia. Las relaciones cambian. Nuestra identidad cambia. La vida termina. Pero podemos aprender a permanecer presentes ante ese cambio sin aferrarnos desesperadamente a lo que inevitablemente va a cambiar.

Aunque hayas perdido muchas cosas, todavía estás aquí.    

Todavía puedes respirar.
Todavía puedes amar.
Todavía puedes estar presente.
Todavía puedes despertar.                                                                                     

Tenemos que aprender a  a estar presentes.   La vida ocurre únicamente  el presente. El pasado ya ocurrió y el futuro todavía no existe. Sin embargo, nuestra mente pasa gran parte del tiempo recordando, anticipando y preocupándose . No se trata de dejar de pensar, sino de dejar de vivir completamente identificados con nuestros pensamientos.  No eres tu ego.   El ego es la imagen que tenemos de nosotros mismos: «Soy esta persona, tengo este trabajo, necesito esto, quiero aquello, los demás deberían tratarme de determinada manera» . 

 No eres solamente tu cuerpo ni tu historia personal. El dolor es inevitable; podemos trabajar nuestra relación con él aceptándolo. Aceptar no significa rendirse, significa dejar de luchar contra la realidad presente. El sufrimiento aumenta cuando nos resistimos . 

           

 LA MUERTE

En lugar de ver la muerte  únicamente como un final aterrador, es mejor contemplarla como una transformación y como una oportunidad para soltar el apego. En lugar de pensar únicamente:«Voy a desaparecer» tenemos que investigar quién creemos que somos y qué significa realmente «morir».

Envejecimiento, enfermedad y muerte van de la mano. El budismo considera  al envejecimiento como algo que haya que combatir sino como una oportunidad para soltar identidades y profundizar en la conciencia. Respecto a la enfermedad y el sufrimiento que conlleva, el dolor forma parte de la experiencia humana, pero podemos cambiar nuestra relación con él. Sufrir físicamente no tiene por qué significar sufrir psicológicamente de la misma manera

Hay una  diferencia entre dolor y sufrimiento. El dolor puede ser inevitable. El sufrimiento psicológico muchas veces aumenta cuando luchamos contra lo que está ocurriendo  «Esto no debería estar pasando».«¿Por qué a mí?»«Tengo que volver a ser como antes».«Mi vida se ha arruinado».  

 Aprender a soltar nos prepara tanto para vivir como para morir.

Aprender a morir es también aprender a vivir. Cada vez que soltamos un apego —una expectativa, una imagen de nosotros mismos, una necesidad de controlar— estamos practicando el mismo movimiento fundamental que exige la muerte: Soltar.

 No podemos evitar que la vida cambie, envejezcamos  y termine, pero sí podemos aprender a estar plenamente presentes mientras ocurreEstar presente significa  aprender a permanecer en el momento actual en lugar de vivir atrapados en el pasado o preocupados por el futuro sino estando aquí y ahora pero sin identificarnos con lo que sucede.

PREGÚNTATE   ¿Puedo estar realmente presente ante lo que sucede dentro y fuera de mi mente?

Nuestra mente suele vivir adelantada —«¿qué pasará?»— o atrás —«¿por qué ocurrió aquello?»—La presencia no significa que desaparezcan los pensamientos, sino que dejamos de identificarnos completamente con ellos. 

Practica: cuando aparezca una preocupación, observarla como un pensamiento en lugar de asumir automáticamente que es la realidad.

El cuerpo está cambiando continuamente pero no es  totalidad de nuestra identidad. «Tengo un cuerpo» no es exactamente lo mismo que «soy únicamente este cuerpo».

 No hay que negar el miedo  la muerte asusta pero el miedo puede observarse y atravesarse con presencia, en lugar de dejar que domine toda nuestra vida              

La muerte puede enseñarnos a vivir. Si sabemos que nuestra vida es limitada, podemos dejar de posponer continuamente la experiencia de estar presentes. No se trata tanto de aprender a no morir, sino de descubrir quién eres antes de morir       

LA PREGUNTA NO ES «¿Qué me ocurrirá cuando muera?» sino «¿Quién soy yo realmente, si todo aquello con lo que me identifico puede desaparecer?»   aquí se conectan las ideas de  estar presente, aceptar el cambio y soltar el ego. 

¿Y qué pasa con el ego? Nuestro ego dice:«Yo soy esta persona y quiero seguir existiendo». El ego, el  «yo» es una construcción temporal por eso la muerte puede dar miedo al ego, porque el ego siente que va a desaparecer. 

Prepararse para morir  significa aprender a soltar mientras todavía estamos vivos. 

 Soltar la necesidad de controlar todo; nuestra imagen de nosotros mismos ; el apego a las personas;  la necesidad de tener siempre razón , el miedo a cambiar;  incluso la idea de quién creemos que deberíamos ser  .Y entonces la muerte deja de ser solamente.   «voy a perder mi vida».   Puede convertirse en: «Voy a entregar aquello que nunca pude poseer completamente».   

El momento de morir es un momento de soltar. No hay  luchar contra la experiencia «Sí, esto está sucediendo. Estoy aquí». Si aparece miedo, observar el miedo. Si aparece dolor, estar con el dolor. Si aparece tristeza, permitir la tristeza. Si aparece apego a una persona, reconocer ese amor y ese apego. La clave es no añadir una segunda capa de sufrimiento intentando desesperadamente que la realidad sea diferente.    

    La pregunta clave es «¿Quién soy realmente?»Y la  respuesta es que no somos únicamente nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra personalidad ni nuestra historia,  somos pura consciencia 

 No podemos controlar todo lo que sucede. Enfermedad, envejecimiento, pérdidas, rechazo, separación y muerte forman parte de la existencia. La práctica consiste en aceptar primero la realidad tal como es y después responder a ella.  Aceptar no significa aprobar ni quedarse pasivo. Significa dejar de luchar mentalmente contra el hecho de que algo ya está ocurriendo.   El sufrimiento puede convertirse en camino. El sufrimiento aparece, podemos utilizarlo para despertar. Una enfermedad, una pérdida o una crisis pueden destruir nuestra antigua imagen de nosotros mismos. Y precisamente ahí podemos descubrir que somos algo más profundo que nuestras circunstancias.

La muerte no es el enemigo. Es un proceso natural, todo cambia y todo se dirige a la disolución.  Sé quien realmente eres, permanece presente, ama sin aferrarte, acepta lo que la vida trae y aprende a soltar.  Cuanto menos intentas controlar la vida, más plenamente puedes vivirla. No necesitas esperar a la vejez o a la muerte para practicarlo. Puedes empezar con algo tan sencillo como observar tus pensamientos durante unos minutos y volver a sentir tu respiración.                                                                                         

La aceptación no significa resignación. Significa ver claramente lo que está sucediendo antes de decidir cómo responde «Acepto que esto está ocurriendo; ahora decido qué puedo hacer al respecto». Si no podemos  cambiar la realidad cuando podemos transformar nuestra relación con ella«¿Puedo estar plenamente presente ante lo que está ocurriendo sin ser esclavo de mi reacción?»                      

Lo que está bajo tu control → actúa.

Lo que no está bajo tu control → acepta.

La aceptación es dejar de pelear mentalmente contra un hecho que ya es real. Después de aceptarlo, todavía puedes actuar.                                                                                                                                                                                               

«¿Cómo consigo que la realidad sea como yo quiero?» mejor preguntarte : «Dado que esta es la realidad, ¿Cómo quiero relacionarme con ella?»  

 Tenemos una enorme tendencia a añadir sufrimiento a las situaciones:«Esto no debería haber pasado».«No puedo soportarlo».«La vida debería ser diferente».«Esta persona debería comportarse como yo quiero» .Esto es lo que hay sin más.  Ahora estoy aquí. ¿Qué hago con ello?»Y eso no es pasividad. Es recuperar la libertad de actuar después de dejar de luchar contra lo inevitable. y empieza a ser:«. Cómo puedo estar plenamente presente con lo que hay ahora?   

Ideas a recordar: 

No eres solamente tu cuerpo ni tu historia personal. 

El dolor es inevitable; podemos trabajar nuestra relación con él. 

Aceptar no significa rendirse: significa dejar de luchar contra la realidad presente.

Aprender a soltar nos prepara tanto para vivir como para morir. El pensar sobre la muerte es una invitación para  prepararnos interiormente para soltar. 

La práctica espiritual fundamental es volver al presente: aquí y ahora. 

 

 

                                                                                                                                         


  


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