En el budismo, la reflexión sobre la muerte es una práctica espiritual esencial. La vida y la muerte se presentan juntas. Es imposible separarlas. No podemos estar vivos de verdad si no tomamos consciencia de la muerte. La muerte es la maestra secreta que está oculta a simple vista. Nos ayuda a descubrir lo que más importa.
Aceptar que es inevitable que todas las cosas terminen nos alienta a no desperdiciar la vida en actividades sin sentido. Aprendemos a no aferrarnos a nuestras opiniones y deseos, ni siquiera a nuestra identidad. En lugar de depositar nuestras esperanzas en un futuro mejor, nos concentramos en el presente y en agradecer lo que tenemos frente a nosotros justo ahora.
PRIMERA REFLEXION: COMPRENDE EL CAMBIO
Nos exponemos a decepcionarnos enormemente cuando nos apegamos a la idea de que las cosas no cambiarán nunca. La impermanencia es ineludible, perfectamente natural y nuestra más constante compañera.
En el budismo, la impermanencia suele llamarse “ley del cambio y la transformación”. Estos dos principios correlacionados proporcionan equilibrio y armonía constante. Creación y destrucción son dos caras de la misma moneda. Al principio, entender la transitoriedad suele producir mucha ansiedad. En respuesta, tratamos de hacer que las cosas sean sólidas y seguras. Nos empeñamos en adecuar las condiciones de nuestra vida, en manipular las circunstancias para que podamos ser felices.
Usualmente buscamos la felicidad tratando de disponer el mundo de tal forma que nos encontremos con las cosas placenteras y evitemos las desagradables. Esto parece muy natural, ¿no es así?. Nos engañamos, porque a veces podemos manipular las condiciones de nuestra vida para que nos ofrezcan una felicidad temporal. En el momento esto produce una sensación grata, pero tan pronto como ese momento pasa buscamos la siguiente experiencia satisfactoria. De ese modo nos convertimos en “fantasmas hambrientos.”
La verdad de la vida es que el cambio es su única constante. No vivir en armonía con esta verdad nos causa un sinfín de sufrimientos.
¿Por qué esperar hasta la muerte para estar libres de dificultades?
La temporalidad nos da una lección de humildad. El don de la impermanencia nos pone justo en el aquí y ahora. Sabemos que el nacimiento terminará en la muerte; reflexionar en esto puede hacer que saboreemos el momento, que impregnemos nuestra vida de apreciación y gratitud, también puede ayudarnos a practicar la sencillez y a descubrir lo que tiene verdadero valor y puede impedir que nos sintamos abrumados e inspirarnos a distinguir entre deseos y necesidades, entre el amor y el apego.
Ser conscientes del cambio constante puede prepararnos para el hecho de que el cuerpo morirá un día. Sin embargo, un beneficio inmediato de esa reflexión es que aprendemos a estar más relajados con las circunstancias. Todo lo que tienes tarde o temprano lo perderás. No te preocupes, ésa es la naturaleza de la vida.
Nuestra existencia no es sólida ni fija. Saberlo íntimamente es lo que nos prepara para la muerte, para las pérdidas de cualquier tipo y nos permite aceptar por completo el cambio constante. La impermanencia es una puerta abierta a la posibilidad. En aceptarla reside la verdadera libertad.
Nos encontramos en estado de flujo. Estamos hechos de elementos que cambian constantemente.
Lo maravilloso de nuestra temporalidad es que nos une a todos los demás seres humanos. La empatía surge de la apreciación de nuestra transitoriedad y de la comprensión de nuestra interconexión. No estamos aislados, como lo creímos alguna vez.
SEGUNDA REFLEXION : TEN ESPERANZA
Tener esperanza significa confiar en que voy a hacer todo lo que esté en mi mano, en que las cosas son lo mejor que pueden ser ,saber que podré afrontar todo lo que la vida me traiga. La esperanza radica en el potencial de nuestra respuesta, no en que las cosas salgan de determinada manera.

No te pierdas este momento por querer que llegue el siguiente. No esperes a actuar cuando algo de verdad importa. No te aferres a la esperanza de un pasado o un futuro mejor; vive el presente y confía en ti.
TERCERA REFLEXION: ACEPTA TODO NO RECHACES NADA
O lo que es lo mismo: Convierte los obstáculos en el camino.
Una de las cualidades de una mente abierta es el sosiego profundo. Llegamos a este sosiego mediante la aceptación y comprensión de las cosas, no mediante su rechazo.
¿Quieres conocer que la muerte puede enseñarnos? Todo muere. "Es muy triste "podemos pensar —Es cierto que todas las cosas cambian ——. “Triste” es la historia que te cuentas a ti mismo.
La vida no se presenta siempre en la forma correcta o razonable. La verdad es que rara vez tenemos control sobre las catástrofes, las vueltas del destino y, en especial, nuestra muerte.
Siempre habrá cosas que nos asusten; imaginar lo contrario sería absurdo. El temor se manifiesta como inseguridad sobre decisiones que ya tomaste, indecisión, desconfianza y búsqueda de seguridades en los demás. La meta no es librarnos algún día del temor, sino de la asfixia que produce en nuestra vida, aprender a enfrentarlo con una presencia valiente.
Adoptar el miedo como maestro y aprender a trabajar eficazmente con él puede llevarnos a la libertad interior, ya que comprendemos que vivir con temor significa que tenemos poca confianza en nosotros mismos.
La valentía no es eliminar, ignorar o apartar el temor; es desarrollar la capacidad de estar valientemente presentes, con nuestros intensos estados de ánimo y nuestro corazón, cuando enfrentamos el terror. Es el valor de sentir, de permitir que tanto la belleza como el horror nos toquen, cuando aceptamos nuestras experiencias, cuando no las rechazamos y enfrentamos en cambio lo que está justo aquí, justo ahora. La ausencia de defensas nos permite abrirnos por completo a nuestra experiencia. Con menos defensas somos menos sombríos y más transparentes. Nos volvemos sensibles a los diez mil pesares y a las diez mil dichas de la vida
La mente es como un paracaídas: no funciona si no lo abres.
La muerte nos llega a todos. Nos guste o no, es indudable que ocurrirá. En vez de evitar esta verdad, resulta útil comprender su sentido. Enfrentar nuestra mortalidad puede hacer cambiar nuestras prioridades y valores y muy profundamente nuestra visión de la realidad. A veces la adversidad es lo que nos ayuda a descubrir la belleza de la vida. Hay un compromiso en el acto de aceptar la muerte que puede ayudarnos a pasar de la tragedia a la transformación.
El sufrimiento es sufrimiento. No siempre podemos explicarlo, y menos todavía controlarlo. Pero podemos enfrentarlo con compasión. Podemos enfrentarlo con presencia, examinarlo directamente, comprenderlo y quizás hallar sentido en nuestra relación con él.
Normalmente sólo vemos la impermanencia, el cambio constante, el unirse y separarse, sin darnos cuenta de que todo esto aparece y desaparece en el telón de fondo de la perfecta armonía
Sin duda alguna, morir contiene una posibilidad sin igual de transformación ya que en nuestro morir, debemos desprendernos incluso del futuro , de todo y todos los que amamos. El desprendimiento es la forma en que nos preparamos para morir.
Suzuki Roshi dijo que la renunciación no es abandonar las cosas del mundo, sino aceptar que se van. Aceptar la impermanencia nos ayuda a aprender a morir. Nos desprendemos de nuestros viejos rencores y nos damos paz. Nos desprendemos de las opiniones fijas, nos desprendemos de la autosuficiencia y nos permitimos el cuidado de los demás. Nos desprendemos de la aprehensión y nos procuramos gratitud, nos desprendemos del control y nos rendimos. Normalmente concebimos el desprendimiento como una liberación, acompañada a menudo por una sensación de libertad de nuestras restricciones.
Tenemos que aprender a rendirnos ante lo inevitable. Nos rendimos cuando dejamos de pelear. Dejamos de pelear con nosotros mismos. Dejamos de pelear con la vida. Dejamos de pelear con la muerte. Rendirse es un estado en el que toda oposición cesa.
Morir es un proceso de despojamiento, una liberación, una rendición, un cambio que brinda grandes posibilidades. Hemos visto que la transitoriedad está en la naturaleza de toda experiencia. Pero el cambio no garantiza por sí solo la transformación. La transformación es una profunda alteración interna a través de la cual nuestra identidad básica se reconstituye.
El trabajo interior no resuelve los problemas, los disuelve.
Creo que la mayoría de la gente teme a la muerte porque no sabe cómo estar con lo desconocido”: Entramos al ahora eterno.
La contemplación de la vida, de la muerte y del misterio inherente a cada momento es demasiado importante para dejarla a nuestras últimas horas de vida. Aceptar nuestros temores y descubrir lo que la muerte puede enseñarnos sobre la vida es esencial para la transformación.
No podemos ser libres si rechazamos algún aspecto de nuestra vida. Cuando aceptamos, nos volvemos capaces de encarar y aprovechar las circunstancias tanto agradables como desagradables. Con la práctica, descubrimos que nuestro bienestar no depende de lo que sucede en nuestra realidad externa; viene de adentro.
A fin de experimentar una libertad verdadera acepta todo, no rechaces nada. La vida nos pide adaptarnos en todo momento.
La apertura no rechaza ni se apega a ninguna experiencia o visión particular. Es una tolerancia amplia y sin prejuicios, una aceptación total.
Esta apertura da la bienvenida a la paradoja y la contradicción. Permite que emerja lo que emerge. Apertura significa que nuestra mente y nuestro corazón son siempre accesibles a nueva información, nuevas experiencias y nuevas oportunidades de desarrollo. Significa tolerar lo desconocido. Significa admitir los malos y los buenos tiempos como experiencias igualmente válidas.
Cuando aceptamos lo que es tal como es, vemos de frente la realidad. Quizá no nos guste ni aprobemos todo lo que encontramos, pero siempre que discutimos con la realidad, perdemos. Desperdiciamos nuestra energía a causa de la insistencia en que la vida debería ser de otro modo.
Mientras nos resistamos a aceptar la vida con toda su locura e inspiración, nos sentiremos desconectados, separados y aislados. Veremos el mundo que nos rodea como un lugar peligroso y aterrador.
La consciencia nos ofrece un punto de vista completamente distinto, que es no rechazar nada. Ella no está separada de nada. Es, por definición, abierta, receptiva y sensible. Cuando involucramos ese aspecto de nuestro ser, una conciencia abierta y sin prejuicios nos permite entrever los obstáculos que nublan nuestra visión, lo cual significa que tenemos la posibilidad de hallar la felicidad y la libertad.
Aceptar la vida tal como es quiere decir hacer las paces con las cosas tal como son, en lugar de forzarlas a ser como queremos que sean (y frustrarnos al no conseguirlo).
El amor a ti mismo es la fuente que nos permite aceptar todo y no rechazar nada. El amor es lo que nos ayuda a aceptarnos tal como somos y a aceptar también nuestra vida y a los demás tal como son. La consciencia amorosa nos ayuda a admitir nuestra tristeza, soledad, temor, depresión y dolor físico y brilla en la oscuridad revelando las verdaderas fuentes de nuestro sufrimiento.
CUARTA REFLEXION:COMPRENDE EL SUFRIMIENTO
Sobre todo en la cultura occidental, se nos enseña que si hay sufrimiento algo está mal, es un error. “¿Quién se equivocó? ¿De quién fue la culpa?” ¿ Qué hice mal?
Cuando pensamos que el sufrimiento es un error, no debe sorprendernos que hagamos todo lo que está en nuestras manos para librarnos de él. El instinto de evasión se debe también al hecho de que nuestra cultura ha decidido que la el sufrimiento no es valioso. “¿Para qué sufrir?”, se nos enseña. “¡Es preferible escapar de este dolor por todos los medios posibles!”Todo esto nos ha convertido en maestros de la distracción, nuestra principal práctica humana en muy alto grado. Consumimos buena parte del día en actividades con las que queremos protegernos de la incomodidad: Navegar en internet, ver la televisión, trabajar en exceso, beber, comer...
Basar nuestra felicidad en un resultado específico nos causa todo tipo de sufrimientos. Para contener esta pena, tratamos de controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor.
¿Cuál es la alternativa para manejar la inevitable insatisfacción de la vida?
El primer paso es comprender que el dolor y el sufrimiento son en realidad dos experiencias íntimamente relacionadas pero distintas. Dice un conocido adagio: “El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional”. Esto lo resume casi todo. Si estás vivo, experimentarás dolor.
El sufrimiento es diferente y con él sí podemos hacer algo. Muchas veces no podemos controlar el estímulo que nos causa dolor, pero podemos modificar nuestra relación con los pensamientos y emociones que el dolor nos provoca, los que con frecuencia intensifican nuestro sufrimiento. Mi reacción al dolor, incluso a pensar en él, lo cambia todo: puede aumentar o disminuir mi sufrimiento.
DOLOR + RESISTENCIA = SUFRIMIENTO
Con la consciencia, el viaje a través del dolor se convierte en un camino a la integridad. El duelo puede llevarnos a una profunda comprensión que trasciende nuestras pérdidas individuales. Cada vez que sentimos una pérdida, tenemos una nueva oportunidad de experimentar la vida con mayor profundidad. Esto nos abre a las verdades esenciales de la existencia: Lo inevitable de la impermanencia, las causas del sufrimiento y la ilusión de que estamos separados de todo y todos. Apreciamos así que somos algo más que el duelo: Somos el cauce por el que pasa el duelo.
Conviértete en espectador de tu propio sufrimiento, no lo retengas, siéntelo y deja que pase a través de ti.
QUINTA REFLEXION: CONTROLA TU CRITICO INTERNO
Por más que lo intentes, jamás podrás complacer a tu crítico interno. No te engañes. Ese crítico conoce cada una de tus acciones, ha estado contigo toda tu vida, está definitivamente ahí cuando mueres. Él compara, elogia, devalúa, minimiza, culpa, condena y ataca tu apariencia, el modo en que te relacionas con la gente, tus amigos, tu salud, tus sueños y esperanzas, tus pensamientos y tu desarrollo espiritual. Admitámoslo: A ojos de tu crítico interno, nada de lo que haces es suficiente, además, te hace sentir temor, vergüenza y culpa para que hagas lo que él quiere.
En nuestros momentos más vulnerables, cuando nos beneficiaríamos de un poco de afecto, solemos atormentarnos con los juicios de nuestro crítico interno.
La búsqueda de la perfección impulsada por nuestro crítico interno ,se convierte en una adicción para toda la vida. Impide todo crecimiento, detiene el desarrollo interior. Profesamos a nuestro crítico interno una lealtad equivocada. Creemos que nos mantiene alerta y nos brinda la dosis de pensamiento crítico que necesitamos en la vida.
Hay una alternativa al crítico, y consiste en pasar del juicio al discernimiento. El juicio se basa en normas y valores que vienen generalmente del pasado. El discernimiento nos ayuda a tener perspectiva más amplia, significa que debemos hacer todo lo posible por abrazar con bondad nuestras imperfecciones, aceptarnos , ser nuestro mejor amigo y desarrollar curiosidad por nuestras cualidades innatas en lugar de tratar de someterlas.
Hace falta valor para crecer y convertirte en quien realmente eres.
Con la aceptación, lo que emerge es una profunda confianza en lo que somos. Nos liberamos completamente de la comparación, evaluación y rechazo de nuestro crítico interno .La capacidad para observar nuestros dramas internos sin perdernos en juicios ni en la reactividad es básica para el desarrollo espiritual. La ecuanimidad nos permite regular, reflexionar y reevaluar ya que no reaccionamos emocionalmente frente a las circunstancias
SEXTA REFLEXION:BUSCA UN LUGAR EN MEDIO DE LA AGITACIÓN
Las causas de fondo de nuestro sufrimiento son :El deseo,( exigencias, demandas, codicia); aversión, (defensa odio) e ignorancia (ilusión, distracción)
El primer veneno, el deseo, es la necesidad de que los objetos de nuestro apego nos brinden una satisfacción duradera para que nos sintamos realizados, íntegros y completos. Es la tendencia a aferrarse rígidamente a alguien, algo o alguna idea. La demanda genera voracidad interior, la cual nos hace perseguir siempre una meta inalcanzable: un nuevo empleo, una nueva pareja o hijo, un nuevo coche o casa, un nuevo cuerpo, una nueva actitud. Creemos equivocadamente que nuestra felicidad depende de que cumplamos esa meta, de que obtengamos lo que queremos. Sin embargo, el problema es que, aun si lo obtenemos, descubrimos que no podemos recibir una satisfacción perdurable de nuestro logro o posesión, porque todo en la vida está sujeto a la ley de la temporalidad.
Trágicamente, la demanda lleva inherente la noción de que lo que está aquí y ahora, lo que tenemos hoy, no basta.
El segundo veneno, la aversión puede aparecer como enojo, odio, acoso, soledad, intolerancia o temor. Por lo común nos resistimos, negamos y evitamos sentimientos, circunstancias y personas desagradables, independientemente de lo que no nos guste o no queramos. La defensa nos atrapa en un círculo vicioso de búsqueda de conflictos y enemigos en todas partes. Es un rechazo. La ironía es que lo que rechazamos suele volver con más fuerza todavía.
La ignorancia es el tercer veneno. Tenemos una percepción equivocada de la verdadera naturaleza de las cosas (las cuales son interdependientes y temporales). Nos perdemos por ello en un circuito de distracciones como recurso para desentendernos de nuestro dolor : El alcohol, las compras, la comida, el juego, el sexo..
El sufrimiento no ocurre al azar, no es un castigo por nuestros defectos personales ni un signo de debilidad moral; es la consecuencia natural de ignorar la verdad de las causas y condiciones siempre cambiantes de la vida.
“El hombre no es destruido por el sufrimiento; es destruido por el sufrimiento sin significado”.
El único lugar en medio de la agitación está solo en tu interior, tu único hogar.
FRANK OSTASESKI
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